En relación con las viviendas colapsadas, total o parcialmente, por el doble terremoto del 24 de junio, las he clasificado en dos grupos: las viviendas del gobierno (con habitantes asignados) y las viviendas privadas (con propietarios que poseen su documento de propiedad). Estas últimas, a su vez, se dividen en dos categorías: las declaradas o utilizadas como vivienda principal y las viviendas secundarias o de recreo. Estas deben someterse a un estudio o análisis distinto al de la principal, ya que el propietario, aunque afectado económicamente, sigue contando con su vivienda principal.
Hoy me refiero únicamente a las familias que, en su vivienda principal y privada, fueron afectadas total o parcialmente y necesitan atención inmediata. Estas casas son fruto de años de esfuerzo familiar: ahorros, cuota inicial, pagos parciales, mensualidades, cuotas extraordinarias a entidades financieras, condominio, mantenimiento, ampliaciones, entre otros. Un primer análisis apunta a soluciones para los propietarios que han perdido su hogar al 100%, ya sea por colapso total o por pérdida de habitabilidad. Son familias que en apenas 45 segundos pasaron de clase media a vivir en la pobreza.
Hay varias opciones para reactivar de inmediato el sector inmobiliario, como solicitar un crédito adicional o incluir una partida especial en el próximo presupuesto nacional, concentrada como fondo único de la Ley de Política Habitacional (LPH), así como tramitar préstamos de emergencia humanitaria del FMI, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y/o CAF. También se podría destinar un porcentaje de la venta del petróleo a la banca privada. Con esos ingresos, provenientes de organismos públicos e internacionales, los bancos privados podrían otorgar créditos inmediatos a las víctimas de vivienda principal y privada, con título de propiedad, que haya colapsado o quedado inhabilitada. Un decreto presidencial drástico, urgente e inmediato beneficiaría a todas las familias afectadas. Crédito en dólares, sin intereses, con cuotas mensuales del 5-15% de los ingresos como pago directo de capital durante los años necesarios, sin importar el tiempo, hasta su cancelación. Soy un defensor del ciclo financiero de la vivienda.
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