jueves, 30 de marzo de 2017

VIVIENDA MARGINAL TEMPORAL




En mi experiencia personal de entrevistas en barrios y/o zonas marginales entre-mezclado con jóvenes encuestadores en la recopilación y formación de datos estadísticos, obtuve experiencias importantes en el contacto persona a persona. En este caso me voy a referir a la de mayor significado y más repetitiva que es la interpretación que la gente le da a su situación en referencia al tiempo e inversión en su vivienda.
En una oportunidad converse con una señora que tenía 12 años habitando una vivienda en un barrio marginal, la casa tenía el piso de tierra, paredes de latón, madera y bloques de arcilla rojos sin frisar ni pintar, sin escalones para ingresar, sin instalaciones de cocina, con techo de zinc, etc. y por supuesto sin acera ni árboles sembrados alrededor. Ante la pregunta del por qué no ha mejorado la vivienda; ¡la respuesta de ella fue “...pronto me voy a mudar, esto no es mío y además es un barrio malo, estoy pasando por una época de mala suerte !!!”

El desapego de la persona con su vivienda y entorno es una constante, es como si no existiera ningún vínculo que la una a ella y a la zona en la que habita.  Pasa su vida con la esperanza de mudarse, pensando que algún día llegara su oportunidad como un golpe de suerte dada por un tercero y por lo tanto gastan el mínimo de dinero para mejorar la calidad de la vivienda actual o su entorno y lo máximo para irse lo más pronto posible de ese barrio malo, con la expectativa de que finalice el periodo de "mala suerte".  Nada prometedor para un país donde no existe espíritu de pertenencia en sus habitantes que los aliente a mejorar su vivienda familiar o su entorno, pues el solo hecho de “no tener documento de propiedad” lo induce a permanecer muchos años en pésimas condiciones de calidad de vida en una VIVIENDA MARGINAL TEMPORAL.








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